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resiliencia

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El incendio ha sido una de las experiencias más difíciles que he tenido que vivir, la sensación de destrucción en ese mismo momento y el vacío que viene después son fulminantes.

Los siguientes dos años fueron muy complicados y frustrantes. Tratábamos de avanzar por un lado y reconstruíamos por otro... la idea de no avanzar es deprimente y angustiante...pero después de todo aprendí a ser un poco mas paciente (nunca lo he sido tanto) y sobre todo, aprendí que lo más importante es seguir adelante pase lo que pase, luchar por los sueños pero no dejar de lado los compromisos y responsabilidades (en muchas ocasiones quise dejarlo todo, no salir de cama y meter mi cabeza bajo la almohada)... había mucho por lo que salir adelante: Maja, mi hijo, mis padres y hermano, también por los que trabajaban con nosotros y que estuvieron, hombro a hombro, luchando contra el fuego para rescatar lo poco que quedaba.

He venido disfrutando un viaje fabuloso, cumpliendo muchas metas y sueños personales, mucha gente me ha acompañado y por eso les estoy eternamente agradecido, pero ese viaje se interrumpió y tuve que parar bruscamente, no tenía taller ni oficina a donde ir... lo único que tenía era tiempo y mucho (me había sido difícil encontrarlo verdaderamente o en todo caso identificar el momento justo para parar y evaluar las cosas) Esta vez no tuve opción y vi una oportunidad única para enfrentar el problema, para levantarme, para buscar fuerza y para explorar otra manera de contar una historia no dejándome llevar por formas ni colores.

Una de las cosas que me atormentaba era la idea de pensar en dejar todo lo que había construido hasta ese momento, si estaba bien o mal... la crítica y el medio a veces son muy duros y te hacen dudar sobre quién eres, qué debes hacer o cómo lo debes hacer y empecé a enrollarme (creo que le pasa a muchos) pero todo empezó a aclarase cuando me di cuenta que no podía matar mi esencia, amo lo que hago y lo seguiré haciendo, explorando nuevos caminos...creo que uno va aprendiendo de los aciertos y desaciertos, pero fundamentalmente creo que uno aprende “haciendo”.

Han pasado casi tres años y empiezo a sentir que voy saliendo de esta adversidad y sensación de letargo...he sentido por momentos que estaba en el piso, sin poder ni querer moverme, como una oruga he pasado momentos de arrastrarme y he hecho de mis amigos, familia y especialmente de mi hijo Ignacio mi refugio, mi crisálida, teniendo la convicción de poder salir en algún momento, de crecer, de aprender, de creer en los cambios, en una nueva vida, en la libertad...buscando nuevos sueños y nuevos horizontes.

Volando sin miedo. 

Marcelo Wong, 2015

 

 

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